Después de comprar algunas cosas en el supermercado, Daniel Chill Out entró a una panadería capitalina, subió unos escalones que pusieron desde la remodelación, la cual, como muchas otras fue realizada para ubicar al arreglo en el punto más lejano con respecto a la funcionalidad y practicidad, como la del banco, por cierto.

Uno, dos, tres, y Daniel Chill Out con toda la calma dentro de su ser, avanzó hacia el mostrador. Podía percibirse aquel olor a pan salado. Siempre resaltaba aquel cartel que decía “pan caliente a toda hora”, pero nada tenía que ver con el tiempo de más que uno debía pasar para comprar cualquier vaina. En esa como en muchas otras panaderías, demás comercios y distintos lugares, ocurre el fenómeno en que las personas logran una invisibilidad parcial.

Daniel Chill Out era invisible, había una señora además de él, la señora pedía un artículo cualquiera y preguntaba el precio, seguidamente decía que no lo quería. La muchachita que atendía, la que estaba medio chévere, muy diligentemente daba la mercancía y la regresaba, según como se le antojara a la señora. La señora ya llevaba una torta y un refresco de dos litros... y una carajita que saltaba por todos lados, ladillando. Además había otra muchachita, la cajera, la cual no estaba chévere. Ella miraba, hipnotizada, perdida en sí misma mientras Daniel Chill Out seguía siendo invisible.

Se encontraba en la panadería también quien debía ser nada más y nada menos que el viejo portugués, con unos lentes enormes y un ojo de vidrio. Pero justo cuando Daniel Chill Out comenzó a reaparecer en esta realidad y el portugués parecía que iba a recordar que Daniel Chill Out le había pedido dos canillas, llegó un tipo y sin considerar que había en el cuarto un individuo materializándose que había llegado antes que él, pidió ocho canillas. ¿Podías superarlo? En casos como estos, las preferencias son un problema. El portugués fue a servir las canillas, y en el tiempo que se tardaron en seguirle mostrando y diciendo precios a la señora -quien por cierto no se llevó nada además de la torta y el refresco de dos litros- y cobrarles tanto a ella como al de las ocho canillas, llegaron unas veinte personas más. A veces faltando a los parámetros de la atención al cliente, gerencia u organización, pueden tenerse los negocios llenos. Al fin, después que atendieron como a tres personas, atendieron a Daniel Chill Out y le dieron sus dos canillas. El viejo portugués lo atendió. Fue suficiente por ese día: era el volverse invisible, y además, otro problema que se respiraba en el aire: el pegue colectivo. Bela esperaba.