Existe una sucursal de agente autorizado de una conocida empresa de telefonía celular que se encuentra ubicada por el Nuevo Museo de las Artes Visuales, muy cerca de Bello Monte que jamás tiene tarjetas prepago, sólo vende aquellos equipos súper carísimos que le roban a uno en un parpadeo y que son cada vez más caros. Es un hecho digno de mención que sólo en Venezuela, así como en unos pocos países del mundo, un mismo producto o artefacto que haga uso de las innovaciones tecnológicas para el bien de la humanidad, aumente de precio con el tiempo, en lugar de disminuir su costo. Esta afirmación no es gratuita, estos artículos deben -como sería hasta obvio, o lógico pensar- bajar de costo según pasa el tiempo desde que son lanzados, ya que siempre surge una nueva tecnología, con mejores prestaciones. A veces lo obvio y lo lógico es lo que menos se ve, deambulando por las calles de la Caracas de los 00’s. Salvada esta mención, podemos centrarnos en el problema de que los aliados comerciales no vendan tarjetas prepago, las cuales representan una ganancia ínfima para el local. En la sucursal, pusieron hasta que algún ensato lo despegó un cartel muy poco amable y que transcrito de manera exacta, decía: “Se agradece: no hay tarjeta prepago.” ¡Rolitronco de aliados comerciales!